Es una experiencia increíble y déjenme confesarles que al principio fue muy difícil para mi convivir con la niña, entre mis celos de pareja y los abuelitos (papás de mi pareja) que influyeron, diciéndole a la niña que yo le iba a pegarle y a tratarla mal. Pues imagínense el miedo que me tenía, motivo por el cual era casi imposible que existiera confianza y convivencia entre las tres. Pero al paso del tiempo con amor, ejemplo y muchas pláticas logré que la niña cambiara su forma de pensar hacia mi y yo hacia ella, a tal grado que actualmente me dice, abrazándome fuertemente, "te amo Yaya, gracias por todo lo que haces por mi, eres mi mamá 2".