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Si la noche es nuestra: Chavela Vargas (1919-2012)
Sergio Téllez-Pon
2012-08-17 08:26:27

Temas: VIP, Literatura, Fuera del Clóset, Música

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En septiembre de 2002, durante la primera entrega de las Lunas, vi en vivo a Chavela Vargas en el Auditorio Nacional, donde, si mal no recuerdo, sólo cantó “La llorona”. Antes sólo la había escuchado en algunas películas de Almodóvar: “Luz de luna”, en Kika, y sobre todo “Somos”, en esa fascinante escena de Carne trémula, la última buena película que hizo el director manchego. Sin embargo, verla en el escenario me estremeció por completo, por su voz trémula pero sobre todo por su temple enfundando en su característico jorongo a pesar de su ya para entonces avanzada edad. 

Pocos meses después Carlos Monsiváis me regaló un disco de ella en vivo, grabado en España. Él había ido a la madre patria a un homenaje a la Vargas al que sólo acudieron, por órdenes de ella, Pedro Almodóvar, Miguel Bosé y el propio Monsiváis. En ese disco que todavía conservo descubrí otras de sus canciones: “Macorina”, “Las ciudades” y “Las simples cosas” o de compositores como Agustín Lara, José Alfredo Jiménez, Cuco Sánchez y hasta de ella misma: “María Tepozteca”, que me parece más lésbica y más hermosa que “Macorina”. Ella misma la presenta así en el disco:

“Esta canción la hice una noche de soledad, sola, de que uno no quiere dormir, yo no quiero dormir para poder soñar, por eso no me duermo ciertas noches. Y esa noche estaba yo parada en el valle de Tepoztlán, por el cerro del Chalchi, del Chalchihuitle, el cerro de las joyas, y empecé a mirar las estrellas y a ver la obsidiana brillar en la noche y pensé, a ver, por qué no se puede hacer una canción que se llame como se llamaba mi madre, María, nombre universal de mujer, y de repente una musa se quedó atoradita en la puerta de mi casa y pude hacer esta canción.”

Un día viendo libros sin ton ni son en una conocida librería me encontré con “Y si quieres saber de mi pasado” (Aguilar, 2002), una especie de biografía de la Vargas en la que ella misma habla del acoso que sufría desde la infancia en su natal Costa Rica: “Siempre andaba detrás de la hija de la cocinera. Y mis padres, mis hermanos, mi familia, los conocidos y muchos desconocidos utilizaban para mi homosexualidad la palabra ‘rareza’. Yo era un ser raro, una persona rara. Lo cierto es que no me gustaba jugar con las niñas, ni me interesaba entretenerme con muñecas, ni andar de acá para allá con los cacharritos. Prefería los rifles, las pistolas, las piedras y fingir que andábamos en guerra”.

Y más recientemente se publicó el libro “Las verdades de Chavela” (Océano, 2009), de María Cortina, en el que se reproduce una carta de Frida Kahlo al poeta Carlos Pellicer en la que le dice:

Hoy conocí a Chavela Vargas.

Extraordinaria, Lesbiana, es más

Se me antojó eróticamente.

 

Con todo esto, estoy convencido que su temperamento musical, las canciones que elegía cantar, su actitud en el escenario (que me había impresionado aquella noche en el Auditorio Nacional), hubieran sido inimaginables sin esa “rareza”, sin su abierta y declarada homosexualidad cuando pocos se atrevían a reconocerla públicamente.

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