Un beso es algo que puede decirnos mucho. Puede ser un acto de pasión, o de amor, pero también un acto político, reivindicativo o de valentía, un simple gesto pero con una fuerza tal que expresa mejor que ninguna otra cosa el significado de la palabra libertad. O quizá sea todas esas cosas a la vez.
Sí, un beso me dice mucho, sobre todo cuando quienes se besan son dos hombres y lo hacen en público, en la calle, delante de todos, aun a sabiendas que el coste de su acto puede ser elevado para ellos, lo que les permite calibrar aún más el exacto valor de ese momento, un instante mucho más excepcional de lo que desearían.
Sí, un beso como el de estos dos hombres de la fotografía dice infinitamente más que toda la palabrería de alguien como el que aparece al fondo, que tiene que refugiarse, esconderse tras los cristales blindados de su coche y no es libre, como sí lo es el amor del beso que él persigue. Paradojas que tiene la vida.
Este fue un beso de esos que se dan contra la hipocresía humana, un beso de esos que valen por todo, un beso digno de ser recordado.
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