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Como lo vi en tus ojos: Me dijo que se llama Mario
René Aldana
2012-02-14 09:10:23

Temas: VIP, Literatura

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- Sí, sí va a haber, pero más tarde. Lo ponen como en dos horas; los chavos de la barra lo anuncian –me explicó dejando ver que ya conocía el lugar perfectamente.

-¡Ah! ok, ¡Gracias! Y… ¿Vienes seguido aquí? A este bar, me refiero –pregunté, tratando de proyectar seguridad-

-Más o menos, ¿y tú? 

-No, de hecho es la primera vez que vengo. Ya lo había visto, pero hasta hoy me animé a entrar.

– ¿Y eso? –preguntó con extrañeza.

-Pues apenas me decidí a conocer antros gay –respondí sonriendo- pero, perdón me llamo Rubén ¿y tú? -dije extendiendo la mano.

-Mario. –Respondió de igual modo.

-Ah, pues mucho gusto Mario –Dije mirándolo a los ojos y estrechando su mano, la cual siento algo callosa.

-¡Estás frío! –Dijo soltándome la mano y frotándose los dedos.

-Ah, sí, es por la cerveza –respondí justificándome.

-Y... ¿Esperas a alguien Rubén? ¿A tus amigos? -Preguntó sin dejar de verme a los ojos.

-Eeeh… ¡No! De hecho, casi no tengo amigos; me refiero amigos gays –dije animado al ver que ya habíamos entablado conversación- ¿y tú?

-Pues, yo amigos tampoco tengo muchos, más bien son conocidos; amigos lo que se dice amigos tengo sólo dos.

 –Respondió muy seguro y satisfecho.

-Ah, ok.  ¿Y van a venir hoy?

-Si, al rato llegan, por lo menos eso me dijeron. –Afirmó, viendo de nuevo la pantalla.

-¿Pasan buenos videos verdad? –comenté para continuar la plática.

-Sí. A mi me gustan más los de los 80’s y de la época disco –respondió sin voltear.

Mientras tanto, me di cuenta que cada vez llegaba más gente y la música subía de volumen.

-Permíteme,  ¡Voy al baño! –exclamó.

-Ah, sí, claro –respondí, algo apagado.

-Ahorita nos vemos -me dijo guiñando levemente el ojo izquierdo.

Me senté en el lugar que él dejó vacío y lo vi caminar hacia el baño. ¡Fúta! ¡Qué guapo está este güey! Me encanta! -Pensaba sintiendo hormigueo en los pies, bajo una luz de neón roja.

Me quedé viendo los videos, esperando a que regresara. Pasaron cinco minutos y no volvía. ¡Újale! ¡pa’mi, que ya no regresa! ¿Y si lo voy a buscar? De seguro está en la parte de abajo. ¡No! Me voy a ver muy urgido, mejor me tomo otra en lo que regresa –dije para mis adentros, tratando de calmarme.

Pasaron más minutos y ya no quería ver el reloj. Terminé la cerveza y al igual que Mario me levanté de un brinco y me dirigí al nivel inferior donde ya había mucha gente. Pasé entre apretujones y diciendo el interminable “con permiso”. La mayoría no se inmutaba, pretendían no verte ni oírte. -¡Uta! ¡Pinches güeyes! ¡Más bien parecen vacas! -Pensé molesto al no estar acostumbrado a esos menesteres, propios del lugar.

Por fin, con empujones y contorsionismo pude pasar oliendo todas las lociones que el olfato humano es capaz de percibir. Tras recorrer el baño, entre gente esperando su turno, bajé por una escalera de caracol; pasé junto a la pista y vi a muchos chavos bailando sus “coreografías” y luciendo su delgadez. La música suena más fuerte ahí, el salón es muy amplio y estaba prácticamente lleno. Se escuchaban risas y me llamaron la atención los atuendos de algunos: “Vaqueritos”, “leathers”, chavos con playeras y jeans ajustadísimos, con cabellos parados y pintados con “lucecitas” y “rayitos”, otros, más casuales; algunos incluso de traje y corbata, tipo gerentes o cajeros de banco.

Busqué a Mario en medio de toda esa gente, entre luces intermitentes tipo láser, humo de cigarro, pláticas acaloradas, carcajadas y algunos reclamos afeminados:

-¡Te estuve esperando, estúpida!

-¡Pues quedamos que cuando llegara tu marido me hablabas, babosa!

Los veía de reojo y me resistía a aceptar que “eso” era ser gay. De pronto, dejé de ver a todos y vi a Mario abrazado por un chavo y platicando con otro muy de cerca; se reían mucho y sólo se escuchaba al de enfrente, que no paraba de hablar. Pedí otra cerveza en la barra y me acerqué a ellos. Mario me vio y puso cara de admiración.

Me hace una señal con la mano para que me acerque.

-Ah, ¿qué onda? Es que me encontré a mis amigos, ves que te dije que iba a venir –dijo con tono de justificación. No le respondí y miré a los demás, forzándolo a presentarme con ellos.

-Ah. Mira Rubencillo, te presento a Rodolfo y a Carlos.

-¡Hola!- Respondieron casi al unísono.

-¡Hola! -Dije sonriendo. Me ven fijamente, opté por encender un cigarro y sentir menos tenso el momento.

-¿Gustan? -pregunté, abriendo la cajetilla.

-¡Bueno! ¡Esa voz me agrada! –Dijo Rodolfo extendiendo la mano y mostrando muchas pulseras de tela, plástico y un anillo de acrílico con una “R” dentro, formada por diamantes de fantasía.

-No, gracias ¡No fumo! –respondió Carlos.

Le ofrecí a Mario, dudó un momento y accedió.

-Bueno, ¡te lo acepto! No fumo mucho, pero cuando vengo aquí se me antoja.

-¡Salud! -propuso.

Todos chocamos las cervezas en gesto de camaradería y me agradó. Era un gesto “buga” en un ambiente en el que no me lo esperaba.

Desde esa esquina recorrí con la mirada nuevamente el lugar. Se veía casi como cualquier otro bar, pero la gente lo había transformado en un “oasis” para los gays. ¡Todos se veían tan relajados! Podían ser lo que quisieran ahí adentro, así lo sentía y creo que no era el único.

Nos quedamos de pie junto a la escalera que daba a la salida, se podía ver pasar a la gente por la calle, algunos trataban de ver hacia adentro. Creo que no todos notaban la bandera gay del arcoiris justo arriba de la puerta principal.

-¡Vamos arriba!- propuso Mario, casi ordenándolo. No terminaba de dar un sorbo y lo miré con un gesto de duda.

-¿Para qué? Aquí estamos muy bien –repliqué.

-Sí, pero ya va a comenzar el dos por uno –dijo aclarando con firmeza.

Se adelantó y todos lo seguimos. Volví a pasar por el tumulto de gente hasta subir nuevamente por la escalera de caracol y llegar a la barra. Nos acomodamos y poco después se escuchó el anuncio: “A partir de este momento, tienes dos por uno en cerveza, pagando sólo con cambio.” Decía una voz muy varonil que se escuchaba entremezclada con la música. Mario extendió la mano y los demás le daban el dinero respectivo; reaccioné e hice lo mismo. Sacaba las cervezas de dos en dos con mucha agilidad y rapidez, los demás las iban tomando y repartiendo. Las acomodamos en una mesa de tipo industrial, (característica de la decoración del bar) con resortes, engranes y demás piezas mecánicas soldadas que conformaban el amueblado para darle un carácter muy viril al lugar, hasta un ancla de barco se podía ver en una de las esquinas donde algunos aprovechaban para recargarse.

Mario salió del tumulto de la barra, se incorporó al grupo; tiene la frente sudorosa y un tono rojizo en la cara.

-¡Salud! –propuse.

-¡Salud! Rubencillo –respondió levantando la botella, sonriendo y guiñándome un ojo. Me quedé un instante observándolo: Sus ojos obscuros brillaban con las luces de la barra y su mirada tan coqueta simplemente me desarma y me conquista: “Eres lo que he buscado todo este tiempo” –pensé, sin dejar de admirarlo.

-¿Y tienes pareja? -Me preguntó Rodolfo, interrumpiendo mi contemplación.

-¿Perdón? -Respondo distraído.

-¿Que si tienes pareja? –Volvió a preguntar algo molesto.

-Ah…, No ¿Y tú? –Pregunté calmado.

-Pues no. Ya terminé con el que tenía y ahorita no busco una relación – aseguró con aires de diva.

-¿Terminaste?… ¡Ó te terminaron más bien querida! –Comentó Carlos sonriendo y mirando hacia el techo.

-¡No! Ya sabes que a él, nadie lo termina… Él es siempre el que los manda a la goma –respondió Mario sonriendo y con tono burlón.

-Claro ¡Cual debe! –Aclaró Rodolfo- Además, yo sí puedo decir que por lo menos troné, no como “otras” que no truenan... ¡porque siempre andan solas! –Replicó defendiéndose.

-Bueno, bueno ¡Ya no se peleen, niñas! ¡Qué va a decir Rubén? -Interrumpió Mario, arbitrando el "perreo".

-Déjame decirte, que si buscas marido, ¡aquí no lo vas a encontrar! -Aseveró Rodolfo con aires de experiencia.

-¿Por qué no?- Pregunté con ingenuidad de novato.  Todos rieron y fingí no molestarme.

-Pues si es un bar gay y busco a un gay ¿no es éste el lugar más lógico para encontrarlo? –Pregunté, con tono irónico.

-¡Ja,ja,ja! -Rieron todos al mismo tiempo; y las risas, entre miradas cruzadas, en un segundo se convirtieron en carcajadas.

Trato de mantener una sonrisa, pero no podía disimular que me incomodaban. -Pinches jotas ¡por eso están  Solas! –pensé.

-Ay, no te molestes “mana,” pero este ambiente es muy cabrón –dijo Carlos, también con aires de docto.

-Ay ya ¡No lo chinguen así! –Dijo Mario para romper la tensión que se creó en un instante. Funcionó.

Tomé un trago de aire y otro de cerveza; permanecí ahí por él. Son sus amigos después de todo, ojalá y más tarde podamos platicar como hace rato: ¡Solos! Sin estas loquitas. Y aparte de todo, me dicen “mana”, ¡no chingues!

¡Cómo me molesta su jotería!

-Pues mira: En el ambiente debe haber de todo, ó por lo menos excepciones, creo yo – respondí firme.

-Pues eso, lo comprobarás tu mismo. –Dijo Carlos, ya con tono serio.

-¿Y has tenido pareja? –Preguntó Rodolfo.

-No, la verdad no. –Respondí viendo una de las pantallas como para no darle importancia.

-Y tu Carlos, ¿has tenido pareja? –Le pregunté.

-Sí, pero igual que Rodolfo, terminamos y no estoy buscando ahorita.

-¡Mira! ¿Ya viste quien pasó? –Preguntó Rodolfo a Mario.

-No, ¿quién?

-¡Es Luis! Vamos a saludarlo a ver si viene solo. Ahorita venimos Mario – dijo Rodolfo viendo a Carlos para que lo siguiera, y sin que Mario pudiera decir algo, salieron apresurados tras el tal Luis.

-¡Qué bueno! –Pensé tomando aire.

 Me paré frente a Mario, lo miré fijamente, dejó de ver los videos, volteó y también me miró con atención.

-¿Qué? –Preguntó algo pícaro.

-¡Salud! Por el gusto de conocerte Mario.

-¡Salud! Por el gusto de estar aquí, Rubencillo. -Dijo entre tierno y cachondo.

-Y tú Mario... ¿Tienes pareja?

-No, la verdad ahorita estoy bien así –aseveró con cierta molestia y viendo hacia el suelo.

-¿Qué tal te cayeron mis amigos? –Preguntó, sonriendo y cambiando el tema.

-Bien, me cayeron bien –no me atreví a decir lo contrario.

-Ja !par de jotas estas! ¡Pero los quiero un chingo! Los conozco desde hace un buen.

-¿Ah, sí? ¿Cómo cuánto?

-Como… ora verás… como 5 años a Rodolfo y un poco menos a Carlos; son mis mejores amigos de ambiente.

-¿Tú no tienes amigos? O sea ¿de ambiente?

-No, la verdad no.

-Ah, entonces, acabas de “salir del clóset” como quien dice –comentó con tono burlón y algo admirado.

-Pues tanto como “salir del clóset” no, pero pienso venir más a estos lugares. Por lo que te comentaba de buscar pareja. –le expliqué, justificándome.

-Mmmh… ¡Pues ten cuidado! En algo estas jotas tienen razón: El ambiente es muy pinche, ¡la verdad! –Dijo convencido, enmudecí por un momento.

-¿De verdad lo crees así Mario? –Pregunté mirándolo a los ojos, esperando que dijera algo distinto a sus amigos.

-Es que, mira: Acá viene mucha loca, chichifa o güeyes que sólo quieren el “acostón” y ahí nos vemos. Tú te ves buena onda, no obvio y además no eres feo. –Dijo en tono suave.

Sentí que una emoción me recorrió al oír esas palabras.

-¡Gracias! Pues honestamente, tú no cantas mal las rancheras, ¡estás muy guapo Mario! Lo miré fijamente. Vi un deseo en sus ojos, que no paraban de brillar con todas las luces que venían y se iban al cambiar las imágenes en las pantallas. Lo abracé, lo besé como jamás había besado a alguien. El tiempo se detuvo.

Me sentí como otra persona: la persona que quería ser, que necesitaba ser y que ahí dentro existía; afuera: sólo era un deseo reprimido. Al separarnos, pasó un brazo sobre mi hombro en señal más bien de camaradería; no me importó.

Sonreíamos nerviosamente.

-¿Qué hora es? –Preguntó.

-Son las 10:45 -respondí sin darle importancia, con la mente en detenida en su mirada.

-Permíteme, voy al baño –dijo algo serio.

-Ah, ok, pero… ¿Regresas aquí?

-Eh… Sí. Deja ver qué onda con Rodolfo, ahorita te veo –dijo sin verme a la cara y en tono cortante.

-Ok, te veo entonces –contesté lo más seguro que puede para no parecer tan ansioso. Al alejarse entre la gente, lo vuelvo a mirar de espaldas y sin quitarle la vista de encima sentí que caía en mis fantasías y no me importaba nada más en ése momento que su olor y el sabor de sus labios.

Transcurrieron los minutos. Observaba a la gente, los videos de canciones que hablaban de amor y que en ese instante les encontraba un sentido más real. Terminé la última cerveza y me dirigí al baño, por supuesto, tras Mario...

continuará...

 

==

René Aldana, escritor mexicano originario de Mexico D.F. se adentra en la narrativa entregándonos su primera obra Como lo vi en tus ojos, la cual intenta describir el ambiente gay de principios de la década pasada que fue un despertar decisivo para la comunidad gay (en todos sentidos) y la apertura a nuevas posibilidades que hoy, son una realidad, gracias a la lucha de muchas personas que creyeron en la igualdad de derechos como única forma de vivir.  Descubre esta obra en las diferentes entregas que iremos publicando.

1a parte: Da click para ver el material original

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Comentarios

Cibernauta Anónimo 2012-02-14 18:06:58

Anónimo Muy buena narrativa René, lo haces a uno recordar y ya sabes, recordar es vivirlo de nueo, felicidades amigo!!!!
  Me gusta me gusta (132) | No me gusta no me gusta (134) | Es agresivo es agresivo (133)
 
Cibernauta pachoncitocub 2012-02-15 09:14:29

Vaya muy buena narrativa y realismo
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Cibernauta José 2012-02-15 16:16:35

Muy buen relato, la verdad me gustó mucho, me recuerda todos eso momentos que viví recién entré al ambiente me encantó como lo escribes, hasta me imaginé el lugar.
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Cibernauta Januco 2012-02-16 12:21:20

Januco muy buena narrativa, adelante amigo!!!!
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